Publicidad:
Terra
La Coctelera

Categoría: No pienso discutir

Los cuentos de hadas

Recuerdo cuando era pequeña, y leía mis cuentos de hadas, y era feliz.

Pensaba que de verdad, así eran las cosas. Que tú conocías a un hombre que te amaba para siempre y que nada podía contra eso. Y yo creía que a mí también me pasaría.

Ayer fue un día duro. El hombre al que amo, me decepcionó una vez más y ya no pude con tanto dolor. Creía que yo significaba algo importante para él, que después de siete años, yo era como un pedazito de su vida que le daba luz y alegría.
Pero no, no soy nada.

¿Cómo se puede querer tanto a una persona que no te llega ni a la suela del zapato?
¿Por qué daría parte de mi vida por un abrazo suyo, un beso, una mirada, una caricia, aun sabiendo que no significo para él, lo mismo que él para mí?
¡Oh cielos! ¡Qué duro me ha jugado el destino!

Pero, hay algo que siempre, siempre, mientras viva, tendré que agradecerle: el maravilloso hecho de pensar, que mi cuento de hadas podía haberse hecho realidad.

¡Ay, ay, ay, qué trabajo nos manda el Señor!

No sé si a vosotros os pasa. Pero yo, cuando llevo mucho tiempo sin trabajar echo de menos ser útil y hacer algo productivo; sin embargo, una vez que estás dentro, se te pasan las horas lentas y estás deseando salir, ¿por qué esa contradicción?

Dicen por ahí: "Si el trabajo es salud, viva la enfermedad", "De mucho descansar, nadie murió jamás", "Si ves a quien descansa, ayúdale"... y cosas por el estilo, pero como todos pensáramos lo mismo, la llevávamos clara.

Llevo unos meses sin trabajar (aunque estudiando, que también es trabajo) y pronto me incorporo de nuevo a la vida laboral con su responsabilidad, ajetreo, eterno aprendizaje... y por un lado me asusta (cambio de oficina, de pueblo, de jefe, de compañeros) y por otro, me satisface hacer mi labor como mejor pueda y conocer gente nueva que siempre te abre nuevos horizontes, pero, eso sí: Sigo pensando que madrugar, es una ordinariez.

A la hernia discal

Hace aproximadamente un año, en una madrugada de mucho dolor físico, tuve la ocurrencia de componer algo dedicado a la hernia de disco, una afección hartamente dolorosa.
Hoy, a las puertas de una segunda operación,me desahogo publicando aquella dedicatoria a modo de súplica:

No es que te vayas de mí
es que ya sin mí, no vives
me haces tanto sufrir
que en el fondo me deprimes.
Ya no sé cómo tratarte
con respeto o con desprecio
pero lo que haces conmigo,
sin duda no tiene precio.
¿Qué te he hecho yo para tanto?
¿por qué me coges cariño?
¿no ves que esta relación
es harto puro dañino?
Insistes en fastidiarme
y yo en luchar contra ti
esto es una guerra a muerte
por poder sobrevivir.
O te marchas de mi vida
y te largas de repente
o te meto cuatro hostias
y te hundo para siempre.

¿Qué pasa con el frío?

Llevo un invierno que maldita la gracia que me hace.

Me he hecho, sin querer, coleccionista de guantes y acaparadora de abrigos. Y he pasado por dos resfriados (con vacuna incluida)y por varios paquetes de pañuelos. Pero, ¿de veras hay alguien que disfrute con el frío y esté en su sano juicio? ¿es posible que el ir atiborrado de ropa refleje una alegría desmesurada?

Me niego a creerlo.Y, sobre todo, ¿por qué dicen que el verano dura más si no es verdad? ¿no será que a algunos hipotensos (e hiper chalados) se les hace más largo?

Es cierto que ya acusamos un cambio climático importante.Al menos, en el sureste español, nos dirijimos hacia un clima netamente desértico: inviernos fríos y veranos calurosos, pero aun así, yo viviría siempre en verano. Claro, que tendría que hacer como las aves migratorias: ir siempre tras el calor.

Y hablando de aves,no sé si me atacará la gripe del pollo, pero lo que es seguro, es que el "catarro de la lechuza", no me lo quita nadie,porque ya lo estoy acusando...¡oh,no!

¡Ay, el tiempo!

¿Es cierto que el tiempo lo cura todo?
¿Alguien puede confirmar una solución tan cómoda?

Perdonad, los que leais esto, pero soy de los pocos casos, posiblemente, que no lo creen.

Hay decepciones, sueños rotos, ilusiones, dolor, que el tiempo no cura, porque siempre que volvemos a estos recuerdos (al menos en mi caso), nos hacen daño y nos hieren como el primer día, sobre todo, si has hecho que tu vida dependa de esos estados que nunca llegaron a cuajar de manera feliz.

El tiempo, ni cura, ni borra; sólo aleja, pero no destruye, ni tapa, ni cambia, ni se vale de sí mismo para amortiguar el daño. Es bien sabido que hay heridas que nunca cicatrizan; y las del alma son las peores.

A pesar de todo, sigo creyendo que mientras el cielo siga siendo azul, habrá personas, en cualquier lugar, que puedan lograr lo que desean y harán bien si luchan por conseguirlo. Adelante.